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RETRATOS Y ENTREVISTAS
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20/10/2009
Una treintena de estudiantes, entre ellos nuestro paisano Juan Grillo Ortiz, ha plasmado las vivencias de mayores extremeños en un concurso patrocinado por la Obra Social La Caixa, llamado “Tienes una historia que contar”.
Este certamen periodístico es la primera vez que se acoge en Extremadura y además de los 30 estudiantes han participado otros tantas personas mayores de más de 70 años.
Junto con otros dos estudiantes, Juan ha quedado finalista en el concurso por su trabajo sobre la vida de Alejandro Hurtado (82 años).
Los premios se otorgarán en diciembre y los tres finalistas se verán recompensados con un premio de hasta 5000 euros y podrán ver publicados sus artículos en distintos medios.
Para Juan “el premio no es el económico sino haber conocido a Alejandro y escribir algo con concienciación”.
Además se siente muy satisfecho con el resultado, especialmente por “la satisfacción de hablar y sobre todo de escuchar a estas personas que la mayoría están solas y les hace mucha ilusión que alguien se interese por ellos”
Conociendo a Juan estamos seguros que a D. Alejandro no le ha faltado la conversación.
Desde esta WEB le damos nuestra más cordial enhorabuena.

Noticia publicada en El Periódico de Extremadura 30 de Agosto de 200

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EL TREN DE LA VIDA

Comienza su destino.................................................................................................................

En Hinojal, pueblo de Cáceres, nació un 7 de Mayo de 1923 el Sr. Alejandro Hurtado Bernal, perteneciente a una familia compuesta de siete miembros (3 hijos, 2 hijas, su madre y su padre); con tan mala suerte que quedó huérfano de padre a los 6 años. Con este hecho, su madre para cuidar a tanto hijo tuvo que marchar a Cáceres para poder alimentarlos, cosa difícil en aquellos tiempos.
El Colegio de huérfanos San Francisco fue su hogar hasta que comenzó la Guerra Civil del 36 (produciéndose su cierre); por aquellas fechas, tenía 13 años y no podía irse a vivir con su madre pues esta compartía habitación en una pensión con otra señora y el era demasiado mayor para pernoctar con ellas.
Su nuevo hogar durante varios años fueron las calles de Cáceres en “los años de el hambre”. “Si comía no cenaba, si cenaba no almorzaba...”. Las calles de Cáceres estaban totalmente limpias de restos de comida, no se veía un una simple peladura de fruta, de tubérculos u hortalizas. Había que salir a las afueras a buscar el sustento diario.
Un buen día, camino adelante, con 5 ó 6 muchachos, todos ellos con la barriga vacía, pasaron cerca de una higuera repleta de higos pero el dueño dormía la siesta bajo ella. Acordaron todos coger higos de la siguiente manera: Uno de ellos vigilaba al dueño por si se despertaba para avisar, mientras los demás se llenaban la camisola de higos; continuando el camino se hizo el reparto y ya de vuelta venían todos comiendo higos, siendo entonces cuando el dueño de la higuera dijo: “Vaya cuadrilla que nos ha tocado, donde caigan que harán”, sin saber que los higos que comían eran los suyos.
Pasada la guerra y esos años tan terribles en los que lo único que sonaba en las tripas era aire, Alejandro se puso a trabajar en una panadería de sol a sol; por lo menos le echaba todos los días algo al estómago.
Ya más mayor aprendió el oficio de albañil, practicándolo hasta su jubilación. Entre otras obras, participó en la construcción de la estación de ferrocarril de Cáceres y fue donde se enganchó otra vez de nuevo “al tren de la vida”, pues una buena mañana del año 1960, quedó sepultado entre escombros al producirse un accidente en los andenes, al volcar la carga entera de un camión sobre él. Los compañeros, creyendo que estaba muerto, lo trasladaron rápidamente al sanatorio que había en la calle Virgen de la Montaña de Cáceres y allí permaneció inmóvil durante bastante tiempo hasta su feliz recuperación.
Este tren al que se enganchó lo llevó por diversas estaciones, algunas bien bonitas como la convivencia con su esposa o el nacimiento de sus hijos, y otras más tristes como su viudedad o la soledad.
Hoy actualmente vive, en la que parece ser su penúltima estación en la Residencia de Mayores de Cáceres, a sus 86 años, rodeado de más pasajeros con “Una Historia que Contar”.
Juan Grillo Ortiz.
Lo importante de la vida.

Saber mirar atrás y no olvidar nunca que hoy día más de medio mundo muere de hambre. Concienciar a la gente que es tarea de todos luchar contra el derroche de agua, comida, energía...; pues en gran parte del planeta, los alimentos son un bien escaso como me sucedió a mi a lo largo de mi vida.
Para mí lo más importante era la comida, bien preciado para muchos porque “Si comías no cenabas, si cenabas no almorzabas y si cenabas no almorzabas ni comías, y es porque no había”.
Hoy día sigue siéndolo también, en una sociedad actual muy consumista, en la que se tira de todo a la mínima, supermercados abarrotados, en los que el lema es “comprar y tirar”.
La juventud no come de nada porque tiene de todo, en cambio nosotros comíamos de todo porque no teníamos de nada.

Juan Grillo Ortiz.
Historia de:
Don Alejandro Hurtado Bernal
Residencia de Mayores de Cáceres.
En Cáceres a 18 de Julio de 2009.

NOTA: Escrito finalista en el concurso periodístico de La Caixa, “Tienes una historia que contar”, realizado por nuestro paisano Juan Grillo y del que ya dimos información en un número anterior de esta revista.


 

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